Con la primera gema azul unida al collar de Max, Tom, Lucas y su fiel compañero sabían que el tiempo corría. La oscuridad en el Mundo Espejo se hacía más fuerte, y aún les quedaban dos gemas por encontrar.
“¿Dónde están las otras gemas?” preguntó Lucas, mirando al Guardián del Lago Espejo.
“El próximo lugar es un desierto en el corazón del Mundo Espejo,” explicó el Guardián. “La gema roja está oculta en una antigua ciudad perdida, enterrada bajo las arenas. Deben ser cuidadosos, pues las tormentas de arena son traicioneras y pueden hacer que pierdan el camino.”
Tom asintió con determinación. “Estamos listos.”
El Guardián abrió el segundo portal, que brillaba con una luz rojiza. Max, siempre valiente, fue el primero en atravesarlo, seguido de Tom y Lucas.
Al cruzar, se encontraron en un vasto desierto, con dunas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El sol brillaba intensamente, y el calor era abrumador. Sin embargo, en la distancia, podían ver los restos de lo que parecía ser una antigua ciudad, medio enterrada en la arena.
“Esa debe ser la ciudad perdida,” dijo Tom, señalando hacia las ruinas.
Max olfateó el aire y comenzó a correr hacia la ciudad, con Tom y Lucas siguiéndolo lo más rápido que podían en la arena blanda. A medida que se acercaban, notaron que la ciudad estaba envuelta en una extraña quietud, como si el tiempo se hubiera detenido.
“Debemos encontrar la gema antes de que la oscuridad llegue aquí,” dijo Lucas, mientras entraban en lo que una vez debió ser una gran plaza.
Max se detuvo frente a un antiguo templo, cuyos muros estaban cubiertos de inscripciones y símbolos que parecían brillar bajo la luz del sol. Max comenzó a cavar con sus patas en la arena que cubría la entrada, y pronto reveló una puerta de piedra.
“¡Aquí es!” exclamó Tom, ayudando a Max a despejar la entrada.
La puerta se abrió con un crujido, revelando un pasillo oscuro que conducía al interior del templo. Max fue el primero en entrar, guiado por el resplandor que emitía el collar con la gema azul. El pasillo estaba decorado con imágenes de antiguos guardianes y seres mitológicos, todos ellos protegiendo algo muy valioso.
Al llegar al final del pasillo, encontraron una gran sala con un altar en el centro. Sobre el altar, descansaba la gema roja, que brillaba intensamente. Pero antes de que pudieran acercarse, el suelo comenzó a temblar, y una figura oscura emergió de las sombras.
Era la fuerza oscura, más poderosa que antes, extendiéndose por la sala como una nube de sombras. “No dejaré que tomen esta gema,” susurró la figura con una voz profunda y amenazante.
Tom y Lucas retrocedieron, pero Max, sin mostrar miedo, se lanzó hacia la figura. Con el collar brillando más fuerte que nunca, Max saltó sobre el altar, tocando la gema roja con su pata. La gema se unió al collar, y un destello de luz roja iluminó la sala, haciendo retroceder a la oscuridad.
La figura oscura gritó de rabia, debilitada una vez más, y desapareció en una nube de humo, prometiendo regresar.
Max, con el collar ahora brillando en rojo y azul, volvió junto a Tom y Lucas, moviendo la cola con orgullo. Sabían que habían ganado otra batalla, pero aún quedaba una gema más.
Cuando salieron del templo, el portal de regreso al Lago Espejo ya estaba abierto. Al atravesarlo, el Guardián del Lago Espejo los esperaba.
“Lo han hecho bien,” dijo el Guardián, con una expresión de alivio. “Solo queda una gema, la gema verde, que se encuentra en lo más profundo del bosque encantado. Este será el desafío final, y el más peligroso.”
Tom y Lucas, aunque cansados, estaban decididos a terminar lo que habían comenzado. Con Max a su lado, sabían que podían enfrentarse a cualquier peligro.
“Estamos listos para la última prueba,” dijo Tom, con una chispa de determinación en sus ojos.
El Guardián abrió el último portal, que brillaba con una luz verde y profunda, similar a la de un bosque al anochecer. Max fue el primero en saltar, seguido de Tom y Lucas, preparados para el enfrentamiento final.